Londres. Por estos días, el Reino Unido parece más el sur de España que las tradicionales islas británicas. Las temperaturas superan con frecuencia los 30 grados, algo que hasta hace pocos años era excepcional y que hoy comienza a repetirse cada verano.
En muchas ciudades, conseguir un ventilador o un aire acondicionado portátil se ha convertido en una misión casi imposible. Las tiendas han agotado existencias y miles de hogares intentan sobrellevar un calor para el que simplemente no fueron diseñados.
Casas construidas para conservar el calor durante el invierno, vagones del metro sin aire acondicionado y oficinas sin sistemas de refrigeración convierten jornadas de 30 o 32 grados en una experiencia mucho más difícil que en países acostumbrados a estas temperaturas.
Lo que antes se recordaba como una ola de calor histórica, como la de 1976, hoy empieza a parecer parte de una nueva realidad. De hecho, el Servicio Meteorológico británico (Met Office) asegura que 2026 está rompiendo récords, con temperaturas superiores a los 35 grados registradas ya en mayo, junio y julio por primera vez desde que existen registros, y advierte que los episodios de calor extremo serán cada vez más frecuentes. (Met Office)
Las imágenes de parques repletos, playas llenas en Brighton y Bournemouth, fuentes públicas convertidas en improvisadas piscinas y supermercados sin ventiladores reflejan un país que poco a poco se adapta a un clima que está cambiando.
Para muchos latinoamericanos que viven en el Reino Unido, la escena resulta curiosa: mientras en sus países 30 grados forman parte de la rutina, aquí basta con superar esa barrera para alterar el transporte, disparar las alertas sanitarias y cambiar por completo la vida cotidiana.
Quizá el Reino Unido nunca llegue a ser España. Pero este verano, al menos por unos días, el clima ha conseguido borrar muchas de las diferencias.
















