Muchos colombianos nos enamoramos del ciclismo gracias a las hazañas de los corredores de los años ochenta: Lucho Herrera, Fabio Parra, Patrocinio Jiménez, Alfonso Flórez y tantos otros que conquistaron las grandes carreras europeas.
Pero, a comienzos de este siglo, el ciclismo colombiano perdió protagonismo.
Quedaron unas pocas figuras, como Santiago Botero, Víctor Hugo Peña y Mauricio Soler.Entonces, en 2010, algo cambió.
Apareció Nairo Quintana y, con su victoria en el Tour de l’Avenir, nos hizo soñar de nuevo.
Ese pequeño y humilde ciclista de Cómbita, Boyacá, llegó a las grandes ligas cuando firmó con Movistar en 2012.
Pronto se convirtió en uno de los principales rivales de Chris Froome, uno de los grandes de todos los tiempos, y también se midió con gigantes como Alberto Contador y Vincenzo Nibali.
Para mí, Egan Bernal es el otro gran coloso colombiano de este siglo.
En 2013 pude entrevistarlo por primera vez, cuando corrió el Tour de Gran Bretaña. Recuerdo que lo esperé en la meta de la última etapa, en Westminster Bridge, junto al Big Ben.
Me recibió con amabilidad.
Ya tenía esa aura de grande, aunque conservaba toda su humildad.
Desde entonces no me perdí ninguna de sus carreras. Me emocioné y lloré cuando ganó el Giro de Italia y la Vuelta a España, y cuando subió tres veces al podio del Tour de Francia.
Quizá le faltó un equipo tan completo y poderoso como el Sky para derrotar a Froome.
Mi oportunidad de vivir las grandes vueltas de cerca llegó en 2020, cuando Nairo ya corría con el Arkéa.
Aunque estaba en otra etapa de su carrera, en cada etapa del Tour de Francia y de la Vuelta era uno de los ciclistas más aplaudidos por los aficionados de todo el mundo.
Siempre fue amable conmigo y me concedió muy buenas entrevistas, tanto en las salidas como en las metas.
Me habría gustado acompañar más de cerca sus grandes hazañas.
Pero haberlo visto correr con mis propios ojos y haberlo entrevistado tantas veces ha sido un gran honor.
En esos siete años, desde nuestra primera entrevista en 2013 hasta el Tour de Francia de la pandemia, Nairo ganó en madurez y en conocimiento del ciclismo.
Pasó de ser un joven humilde a convertirse en un gigante respetado por la prensa mundial, los aficionados y sus propios compañeros.
Así quedó demostrado en su última carrera oficial, el fin de semana pasado, cuando los ciclistas le hicieron una calle de honor.
Uno quisiera que algunos campeones fueran eternos. Pero a todos les llega el momento del retiro.
Sus hazañas, en cambio, vivirán siempre en la memoria de quienes tuvimos la fortuna de verlo correr.
Me queda también un lindo recuerdo: ese maillot de la montaña que portó en el Tour de Francia.Gracias, campeón Nairo, por devolverle al ciclismo colombiano un lugar entre los grandes.
Ahora necesitamos que aparezca otro Nairo, para que Colombia vuelva a figurar en las grandes carreras europeas.
Texto: Juan Carlos Bejarano

















