Europa se consolida como un mercado estratégico para las redes internacionales de narcotráfico, según una investigación periodística que documenta la expansión de organizaciones con vínculos latinoamericanos.
Una investigación de cuatro meses publicada por The Guardian reveló que organizaciones criminales originarias de Colombia, Brasil, Ecuador, Venezuela y México tienen presencia identificada en al menos 12 países europeos. Un informe brasileño citado por el periódico señala que el grupo Primeiro Comando da Capital (PCC) podría operar en hasta 16 países del continente.
El fenómeno no se limita a España. La investigación identifica actividad en países como Portugal, Países Bajos, Bélgica y Francia, además de operaciones detectadas en Alemania, Rumanía, Croacia y otros territorios. La dimensión exacta sigue siendo difícil de establecer porque no todas las redes tienen una presencia física permanente.
Uno de los datos más llamativos es el incremento de las incautaciones de cocaína en Europa. Según las cifras recogidas en la investigación, la cantidad decomisada aumentó un 471 % entre 2014 y 2024, un indicador de la transformación que ha experimentado el mercado de drogas durante esa década.
Entre las organizaciones mencionadas figuran el Clan del Golfo y grupos disidentes de las FARC, de Colombia; el PCC y el Comando Vermelho, de Brasil; el cartel de Sinaloa y el CJNG, de México; y el Tren de Aragua, de Venezuela. Su mención corresponde a la investigación sobre redes delictivas y no implica que todos sus integrantes operen de la misma forma en cada país.
Los investigadores también describen relaciones entre grupos latinoamericanos y estructuras criminales europeas. Estas alianzas pueden facilitar el transporte, la distribución y otras actividades ilícitas, dificultando el trabajo de las autoridades cuando las operaciones atraviesan varias jurisdicciones.
El crecimiento de este mercado responde, entre otros factores, a los beneficios económicos que ofrece Europa a las organizaciones dedicadas al tráfico de cocaína. La investigación cita datos que sitúan al continente como un mercado de consumo de gran importancia a escala mundial.
Para los latinoamericanos residentes en Europa, el desafío periodístico consiste en informar sobre la criminalidad organizada sin alimentar prejuicios contra comunidades enteras. La nacionalidad de una persona no determina su participación en actividades delictivas, y las redes criminales no representan a los millones de ciudadanos que migran, trabajan y construyen sus vidas legalmente.
El asunto también exige cooperación entre policías, fiscalías y organismos internacionales, así como investigaciones financieras capaces de identificar a quienes organizan y financian estas operaciones, no solamente a quienes son detenidos durante los operativos.
Por qué importa: es una historia de alcance europeo, con especial relevancia para los lectores colombianos y latinoamericanos, que permite abordar la seguridad transnacional desde datos, investigación y contexto, evitando generalizaciones sobre la migración.
Fuente: The Guardian


















