Greenock, una ciudad del oeste de Escocia, está intentando convertir la llegada de inmigrantes en una solución frente a décadas de pérdida de población.
El ayuntamiento de Inverclyde, donde se encuentra la ciudad, ha planteado atraer nuevos residentes para recuperar actividad económica y mantener servicios locales.
La situación es llamativa porque mientras buena parte de Europa debate cómo reducir o controlar la inmigración, algunas localidades enfrentan el problema contrario: necesitan más habitantes para evitar que sus comunidades sigan envejeciendo y perdiendo población.
Greenock ha experimentado una transformación demográfica importante. En los últimos años han llegado cientos de africanos y refugiados, y han aparecido nuevos comercios que reflejan la diversidad de sus nuevos residentes.
La región de Inverclyde ha perdido alrededor de 22.000 habitantes desde 1981, y las proyecciones apuntan a que su población podría disminuir otro 16 % durante las próximas dos décadas.Para las autoridades locales, atraer inmigrantes puede ayudar a compensar esa pérdida y revitalizar zonas comerciales que han sufrido durante años por la falta de población y oportunidades laborales.
Pero existe un obstáculo importante: la falta de empleo. Los propios residentes señalan que atraer personas será difícil si no existen suficientes puestos de trabajo que permitan a los nuevos habitantes establecerse de manera permanente.
El caso de Greenock refleja una contradicción cada vez más visible en Europa: mientras los gobiernos nacionales endurecen las políticas migratorias, algunas ciudades y regiones necesitan inmigrantes para sostener su economía y su población.
Para los latinoamericanos que viven o buscan oportunidades en Europa, el debate resulta especialmente relevante porque demuestra que la política migratoria europea no es uniforme: hay territorios que quieren limitar la llegada de extranjeros y otros que buscan activamente nuevos residentes.
Fuente: BBC.

















