La comunidad latina es una de las principales de Southwark. Se estima que entre 15.000 y 20.000 latinos viven en el municipio.
El censo de 2021 registró a más de 14.000 residentes nacidos en países de América Latina. Son cifras que, además, no alcanzan a reflejar por completo el tamaño de nuestra comunidad.
Durante cuatro décadas, Elephant and Castle ha sido el corazón latino de Londres. De hecho el elefante que estaba en el centro comercial se convirtió en un símbolo de nuestra comunidad.
Aquel elefante fue entregado a los latinos para su preservación.
Llegué al Reino Unido en 1995.
Varios meses después, otro latino me habló de la existencia de un centro comercial en un barrio donde se hablaba español.
La primera vez que fui al Shopping Centre me quedé maravillado con la oferta latina: casas de cambio y de giros, tiendas, cafeterías, almacenes de ropa, música en CD, revistas y periódicos y, sobre todo, acentos de todo nuestro continente.
Era como regresar a nuestra ciudad.
Allí encontrábamos trabajo, hacíamos amigos y nos sentíamos en casa.
Sentarse en la cafetería de la Bodeguita era participar en una conversación comunal con todos los comensales.
Allí se hacían amigos. Se hablaba, como siempre, de Colombia, de política y de los escándalos. Muchos nos conocíamos de vista.
Y había algo muy especial: el apoyo de los latinos a los negocios latinos.
Muchos salían de trabajar por la mañana y, en vez de irse directamente a casa, se dirigían a Elephant a desayunar o almorzar, hacer sus diligencias, enviar dinero, llamar a sus familiares y encontrarse con los conocidos.
Había un verdadero sentimiento de comunidad.Muchos conocieron allí a sus parejas. Años después, uno los veía regresar con sus hijos.
Los niños latinos corrían por los pasillos del centro comercial. Algunos eran hijos de quienes trabajaban allí y llegaban después de salir de la escuela.
El centro comercial también funcionaba como un lugar de encuentro y de cuidado para las familias.
Los negocios tenían clientes latinos todos los días. Quien abría un local en Elephant contaba con el respaldo de una comunidad que volvía, compraba y recomendaba.
No era solo comercio: era una red de confianza y de apoyo mutuo.
Cuando empecé a trabajar para RCN, a principios de este siglo, hacía reportajes frente al centro comercial.
Me gustaba que en Colombia vieran ese barrio latino. Las cafeterías del Shopping Centre y Aroma de Café, en Tiendas del Sur, eran mis oficinas.
Allí escribía mis informes, conseguía reacciones en español sobre distintos temas, almorzaba y socializaba.
Siempre he sentido que, antes que ir a una cadena de restaurantes o a una cafetería como Costa o Starbucks, prefería que mis libras se quedaran en manos de los negocios latinos.
Con el cierre del centro comercial nos quedamos sin una sede común.
Muchos negocios se trasladaron a los arcos detrás de lo que fue el Shopping Centre, a Elephant Park, a Maldonado Walk y a Walworth Road.
Ya no estamos todos en un mismo lugar, pero seguimos allí.
Todavía se escucha español por las calles de Elephant.
Nunca he dejado de ir.
He visto la gran transformación urbanística de Elephant and Castle.
Es uno de los ejemplos más claros de la gentrificación: lugares que durante años fueron pobres u olvidados cambian y se renuevan.
Pero esa transformación también puede tener un costo.
Los habitantes de siempre empiezan a marcharse a barrios más económicos porque los alquileres suben a niveles difíciles de pagar con los trabajos que muchos realizan.
Al mismo tiempo, el barrio recibe nuevos residentes, entre ellos jóvenes asiáticos y europeos con mayor poder adquisitivo.
Y los negocios latinos, cuya estructura depende en buena medida de la comunidad, sienten el cambio.
Las tiendas y los restaurantes ya no se ven llenos todos los días como antes. Los sábados todavía hay movimiento, pero un negocio no puede sobrevivir con un solo día bueno a la semana.
A todos nos pasa. Un día dejamos de ir a ese restaurante que nos gustaba, a ese parque o incluso a una iglesia a la que asistimos durante años.
Encontramos otros lugares y, poco a poco, olvidamos la rutina que teníamos.
Pero para que una comunidad sea reconocida necesita un centro, una sede. Durante décadas, esa sede ha sido Elephant and Castle.
Yo nunca he vivido en el sur.
Vivo en el norte, donde termina la línea negra del metro, y aun así nunca he dejado de ir a Elephant. Soy consciente de lo que ese lugar significa para nuestra comunidad.
Por eso, amigo lector de la comunidad latina en Londres, hoy te invito a darle un masaje a ese corazón para que vuelva a latir con más fuerza.
Volvamos con más frecuencia a Elephant. Apoyemos sus negocios.
No podemos descuidar otros espacios importantes, como Seven Sisters y su mercado latino, pero tampoco podemos permitir que se pierdan los lugares que hemos construido entre todos.
Todavía estamos a tiempo.
Que el corazón latino de Elephant and Castle siga latiendo.
Que el español se escuche por las calles de lo que fue, y todavía puede seguir siendo, nuestro barrio latino, nuestro Latin Quarter.
Juan Carlos Bejarano B.
Foto; NTN24
















