Crecí en una familia trabajadora. Soy producto de la educación universitaria gratuita (Univalle) y, en una rama de mi extensa familia, fui el primero en llegar a la universidad; en la otra, el segundo.
Emigré a los 24 años y, como tantos inmigrantes, empecé desde abajo. He conocido épocas de escasez, de incertidumbre y de sacrificio. Con esfuerzo, perseverancia y muchas horas de trabajo logré salir adelante y construir una vida cómoda. Pero nunca he olvidado de dónde vengo.
Por eso procuro ser coherente con mis orígenes, mis valores y mi forma de pensar. Soy pacifista, quizá para algunos demasiado idealista, pero sigo creyendo que no todos los problemas se resuelven con plomo, insultos o confrontación.
También tengo claro que no voy a perder amigos ni familiares por diferencias políticas. No voy a pelear por políticos que no me conocen y a quienes, probablemente, yo tampoco les importe demasiado. Las personas que quiero valen mucho más que cualquier campaña electoral.
Voto de acuerdo con mis convicciones, con mi visión de país y con la esperanza de que Colombia sea un lugar mejor para todos. Puedo equivocarme, como cualquiera, pero siempre votaré pensando en el futuro de nuestra nación.
Porque, al final, más allá de los candidatos, yo voto por Colombia. Voto por mi patria.

