La política estadounidense de deportar inmigrantes a terceros países vuelve a generar preocupación entre organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes. Uno de los casos más llamativos es el del cubano Roberto Mosquera, quien pasó prácticamente toda su vida en Estados Unidos y terminó enviado a Eswatini, en el sur de África.
Mosquera llegó a Estados Unidos cuando era niño y desarrolló allí su vida adulta. Su historia ha sido utilizada como ejemplo de las consecuencias que pueden enfrentar determinados inmigrantes cuando Estados Unidos no consigue enviarlos directamente a sus países de origen.
Según reportes de AFP citados por medios internacionales, Mosquera perdió su residencia después de haber cumplido una condena relacionada con un tiroteo ocurrido cuando era adolescente. Su familia asegura que posteriormente cambió su vida, se casó y tuvo cuatro hijas.
ICE lo detuvo durante uno de sus controles migratorios periódicos. Durante un tiempo, sus familiares no tuvieron claridad sobre su paradero y las autoridades llegaron a informarles que había sido enviado a Cuba, país que en determinados casos dificulta la recepción de personas deportadas.
Finalmente, Mosquera terminó en Eswatini, un pequeño país africano anteriormente conocido como Suazilandia. Allí fue recluido en una prisión de máxima seguridad, pese a no tener vínculos familiares o personales con ese país.
El caso forma parte de una política más amplia mediante la cual Estados Unidos ha buscado acuerdos con diferentes países para recibir personas deportadas que no pueden ser enviadas directamente a sus países de origen. Esos acuerdos han incluido países africanos y latinoamericanos.
Organizaciones defensoras de los inmigrantes han cuestionado el procedimiento porque algunos deportados terminan en lugares donde no hablan el idioma, no tienen familiares y carecen de redes de apoyo. Abogados han advertido que estos procesos pueden crear situaciones de gran vulnerabilidad jurídica.
La situación también ha generado preocupación porque algunos inmigrantes aseguran que fueron informados de su destino solamente cuando ya se encontraban en el avión. Según testimonios recogidos por AFP, algunos deportados desconocían incluso el país al que serían enviados.
El caso de Mosquera demuestra que las consecuencias de las nuevas políticas migratorias pueden extenderse mucho más allá de la frontera estadounidense. Para familias latinas con integrantes que tienen órdenes finales de deportación, la posibilidad de ser enviados a un tercer país se ha convertido en una preocupación cada vez más relevante.
Fuente: AFP / The Straits Times y reportes internacionales sobre deportaciones a terceros países.
















