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Zulma Guzmán inicia su batalla legal en Londres contra su extradición

El extraño caso de las frambuesas envenenadas llega a una etapa decisiva en la justicia británica. La empresaria colombiana, acusada de participar en la muerte de dos niñas en Bogotá, enfrenta cuatro días de audiencias en Westminster. El hallazgo de talio en un casillero del Club El Nogal y su dramático rescate de las aguas del Támesis son algunos de los capítulos de una historia que parece sacada de una novela de suspenso.

Por Juan Carlos Bejarano B. Londres

Zulma Guzmán inicia este lunes 2 de noviembre su batalla legal en Londres para evitar ser extraditada a Colombia. Hasta el jueves 5, el Westminster Magistrates’ Court celebrará las audiencias principales del proceso en el que la empresaria colombiana, de 54 años, se enfrenta a una solicitud de extradición por su presunta participación en el envenenamiento con talio de dos niñas que murieron después de consumir unas frambuesas cubiertas de chocolate en Bogotá. Guzmán niega cualquier responsabilidad en los hechos.

Durante cuatro jornadas, el tribunal británico examinará los argumentos de la justicia colombiana y de la defensa de la empresaria, quien permanece detenida en el Reino Unido desde comienzos de este año. No se trata de un juicio para establecer su culpabilidad o inocencia. La tarea del juez de Westminster será determinar si existen las condiciones legales para que Guzmán sea entregada a Colombia, donde la Fiscalía pretende procesarla por homicidio agravado y tentativa de homicidio agravado.

El proceso llega a esta etapa después de varios meses de actuaciones judiciales y de un hallazgo que ha fortalecido la investigación colombiana: los análisis de Medicina Legal confirmaron la presencia de talio en dos frascos y en guantes encontrados en un casillero asignado a Guzmán en el exclusivo Club El Nogal de Bogotá.

Pero esta historia tiene un capítulo que parece sacado de una novela de suspenso y que comenzó a desarrollarse a miles de kilómetros de Colombia, en las frías aguas del río Támesis.

Una llamada desde Londres

El 16 de diciembre del año pasado, mi teléfono comenzó a sonar insistentemente. Eran colegas periodistas colombianos que querían saber si tenía información sobre una mujer rescatada aquella mañana de las aguas del Támesis, cerca de Battersea Bridge, uno de los puentes que atraviesan el río en el suroccidente de Londres.

Los primeros informes indicaban que se trataba de Zulma Guzmán, la empresaria colombiana buscada internacionalmente por las autoridades de su país.

La noticia resultaba desconcertante. Una mujer señalada por un doble homicidio mediante envenenamiento aparecía en uno de los ríos más conocidos del mundo, en circunstancias que hacían pensar en un posible intento de suicidio.

Según los reportes del rescate, una embarcación del Royal National Lifeboat Institution, el RNLI, acudió al lugar y logró sacarla con vida del agua. Los socorristas describieron una intervención complicada porque la mujer parecía resistirse a recibir ayuda.

En diciembre, la temperatura del Támesis puede descender hasta niveles capaces de provocar una respuesta de choque por frío y una situación potencialmente mortal.

¿Qué llevó a Guzmán hasta aquel lugar? ¿Por qué terminó en el río? ¿Intentaba escapar de las autoridades o atravesaba una crisis personal?

Son preguntas que todavía no tienen una respuesta pública concluyente.

Después del rescate, la empresaria recibió atención médica y posteriormente permaneció ingresada en una unidad de salud mental del St Charles Hospital, en Notting Hill, antes de quedar bajo custodia en el procedimiento de extradición.

Aquellos hombres que la sacaron del Támesis probablemente desconocían que estaban rescatando a una de las mujeres más buscadas por la justicia colombiana.

La entrevista y una botella de agua

Las sospechas de que Zulma Guzmán se encontraba en el Reino Unido habían comenzado antes del episodio del Támesis.

El periodista Florencio Sánchez, director de Focus Noticias, había conseguido entrevistarla en diciembre de 2025, cuando la empresaria se encontraba fuera de Colombia.

Durante aquella conversación, Guzmán habló de su relación sentimental con el empresario Juan de Bedout, padre de una de las niñas fallecidas, explicó las circunstancias de su salida del país y negó haber participado en el envío de las frambuesas envenenadas.

Hubo, sin embargo, un pequeño detalle que llamó la atención: durante la entrevista aparecía bebiendo agua de una botella de la marca Buxton, comercializada ampliamente en el Reino Unido.

Para algunos observadores, aquella botella se convirtió en una pista sobre su posible ubicación. Naturalmente, no era una prueba definitiva. Pero, en una investigación internacional en la que cada detalle podía resultar relevante, el objeto despertó curiosidad.

Pocos días después, la presencia de Guzmán en Londres quedaría confirmada de la manera más inesperada.

Una relación sentimental y dos niñas muertas

Para comprender el caso hay que regresar a Bogotá y a una relación sentimental que, según la Fiscalía colombiana, constituye uno de los elementos centrales de su hipótesis sobre el móvil del crimen.

Zulma Guzmán mantuvo una relación extramatrimonial con Juan de Bedout, empresario colombiano y padre de Inés de Bedout, una de las víctimas.

La propia Guzmán reconoció aquella relación durante su entrevista con Florencio Sánchez, aunque ofreció una versión diferente sobre su duración y las circunstancias en que terminó.

Según la hipótesis de los investigadores, el deterioro de esa relación y la negativa del empresario a retomarla pudieron desencadenar un conflicto personal.

Pero hay una diferencia fundamental entre establecer un posible móvil y demostrar la comisión de un homicidio. La Fiscalía deberá acreditar que Guzmán tuvo participación en los hechos, más allá de las circunstancias de su vida sentimental.

En abril de 2025, un paquete de frambuesas cubiertas de chocolate llegó a una vivienda del norte de Bogotá.

Aparentemente era un regalo.

Sin embargo, las frutas contenían talio, un metal altamente tóxico que puede provocar graves daños en distintos órganos del cuerpo y ocasionar la muerte.

Las adolescentes Inés de Bedout, de 14 años, y Emilia Forero, de 13, fallecieron como consecuencia de la intoxicación. Otras dos personas también resultaron afectadas.

Lo que inicialmente pudo parecer una intoxicación alimentaria terminó convirtiéndose en una investigación por homicidio.

La pregunta era inevitable: ¿quién había enviado aquel paquete y por qué alguien habría querido contaminar unas frambuesas con una sustancia tan peligrosa?

El hallazgo en el Club El Nogal

Durante meses, la Fiscalía colombiana reconstruyó las circunstancias del envío, examinó comunicaciones y testimonios y buscó establecer cómo pudo llegar el veneno hasta las víctimas.

Uno de los avances más significativos se produjo en junio de 2026.

Investigadores del Cuerpo Técnico de Investigación inspeccionaron el casillero número 314 del Club El Nogal, uno de los centros sociales más exclusivos de Bogotá, asignado a Zulma Guzmán.

Allí encontraron diversos objetos, entre ellos dos frascos, guantes de látex utilizados y etiquetas relacionadas con servicios de domicilios.

Los elementos fueron enviados al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses para determinar si contenían sustancias de interés para la investigación.

El resultado fue especialmente relevante.

Según el informe toxicológico conocido por Focus Noticias y otros medios colombianos, las cuatro muestras analizadas, correspondientes a dos frascos y dos pares de guantes, dieron positivo para talio.

Era la misma sustancia identificada en el envenenamiento de las dos adolescentes.

Para los investigadores, el hallazgo constituye un elemento material importante que podría vincular a Guzmán con la posesión del tóxico.

Pero encontrar talio en objetos asociados a una persona no demuestra, por sí solo, que esa persona haya preparado o enviado las frambuesas. La relación entre los objetos, su procedencia y el crimen tendrá que ser establecida judicialmente, con pleno derecho de contradicción para la defensa.

Hay además un detalle que llama la atención: en el casillero también aparecieron etiquetas relacionadas con servicios de mensajería, precisamente uno de los mecanismos que, según la investigación, habría sido utilizado para entregar el paquete.

Y surge otra pregunta fundamental: ¿dónde se consiguió el talio?

No es una sustancia de uso doméstico habitual. Su obtención, manipulación y eventual transporte constituyen aspectos que los investigadores deberán esclarecer.

¿Hay otras historias detrás de las frambuesas?

El expediente ha despertado también interrogantes sobre otros posibles episodios de intoxicación en el entorno de las personas relacionadas con el caso.

Entre las historias que han generado interés se encuentra la muerte, en 2021, de Alicia Graham Sardi, esposa de Juan de Bedout, y las informaciones sobre otros posibles envíos de alimentos a personas vinculadas con el empresario.

Sin embargo, es indispensable separar los hechos comprobados de las sospechas.

No existe fundamento para atribuir automáticamente a Guzmán otros fallecimientos o episodios de intoxicación por el hecho de que puedan existir conexiones personales entre sus protagonistas.

La investigación deberá determinar si se trata de sucesos independientes o si existe alguna relación demostrable.

El riesgo, en un caso que ha despertado tanta atención pública, consiste en que las hipótesis terminen presentándose como certezas antes de que los tribunales hayan examinado las pruebas.

Westminster, escenario de una nueva batalla

Durante más de treinta años de ejercicio periodístico en el Reino Unido he tenido oportunidad de seguir algunas de las grandes controversias judiciales que han pasado por los tribunales británicos.

Recuerdo especialmente los procesos relacionados con Augusto Pinochet y Julian Assange, dos personajes de enorme trascendencia internacional cuyas solicitudes de extradición desencadenaron prolongadas batallas legales.

El caso de Pinochet comenzó con su detención en Londres en octubre de 1998. Después de 503 días de procedimientos judiciales y controversias sobre inmunidad y jurisdicción, el Gobierno británico decidió en marzo de 2000 no extraditarlo a España por razones médicas.

El de Julian Assange fue todavía más prolongado. Detenido en abril de 2019, permaneció más de cinco años sometido a procedimientos judiciales y recursos relacionados con la solicitud estadounidense, hasta que en junio de 2024 alcanzó un acuerdo que permitió su salida del Reino Unido.

Son expedientes muy diferentes al de Zulma Guzmán, tanto por la naturaleza de las acusaciones como por sus implicaciones políticas y jurídicas.

Pero tienen algo en común: muestran que en el Reino Unido una extradición puede convertirse en un proceso prolongado, con múltiples instancias de revisión.

He asistido también a las comparecencias de Guzmán en Westminster, donde el contraste entre la formalidad del procedimiento británico y la gravedad de las acusaciones procedentes de Colombia resulta particularmente llamativo.

En este tribunal no se juzgará si la empresaria envenenó a las dos niñas.

El juez deberá analizar la solicitud de extradición, los requisitos legales aplicables y los argumentos de las partes.

Entre los asuntos que podrían tener relevancia se encuentran las garantías judiciales y penitenciarias ofrecidas por Colombia y las circunstancias médicas que la defensa considere pertinentes.

En los procedimientos de extradición británicos, determinadas condiciones de salud pueden dar lugar a objeciones jurídicas, pero no implican automáticamente que una persona quede exenta de ser extraditada.

La decisión deberá basarse en la legislación aplicable y en las pruebas presentadas.

Cuatro días decisivos

Las audiencias principales están previstas entre el lunes 2 y el jueves 5 de noviembre.

Será la oportunidad para que la representación del Estado solicitante y los abogados de Guzmán desarrollen sus argumentos ante el tribunal.

Una vez concluida esta fase, el juez podría anunciar su decisión o reservarse el fallo para una fecha posterior.

No existe garantía de que el resultado se conozca inmediatamente.

Y aun cuando Westminster autorice la extradición, el proceso no necesariamente terminará allí. Dependiendo de la decisión y de las circunstancias jurídicas, podrían presentarse recursos ante el High Court.

La posibilidad de una prolongación del procedimiento es especialmente relevante para las familias de las víctimas, que llevan más de un año esperando avances definitivos en la investigación.

Mientras tanto, Guzmán continúa privada de la libertad en el Reino Unido, donde permanece bajo custodia en HMP Bronzefield, una prisión femenina situada en Surrey.

Colombia prepara la imputación

La Fiscalía colombiana tampoco ha permanecido a la espera de una decisión definitiva de Westminster.

El próximo lunes 9 de noviembre está prevista una audiencia de imputación de cargos contra Guzmán por homicidio agravado y homicidio agravado en grado de tentativa.

La diligencia ha sido programada para las nueve de la mañana, hora colombiana, y se contempla su realización virtual debido a que la empresaria se encuentra detenida en territorio británico.

La imputación no constituye una condena ni significa que los hechos atribuidos hayan quedado judicialmente demostrados. Es una actuación mediante la cual la Fiscalía comunica formalmente los delitos y hechos por los que investiga a una persona.

De esta manera, durante dos semanas consecutivas, el caso tendrá actuaciones importantes a ambos lados del Atlántico: primero en Londres, con las audiencias de extradición, y después en Bogotá, con la imputación.

Dos sistemas judiciales diferentes, un mismo expediente y una pregunta que todavía está lejos de resolverse.

El extraño caso de Zulma Guzmán

Hay algo profundamente desconcertante en esta historia.

Dos adolescentes mueren después de consumir un regalo que aparentemente no representaba ningún peligro. Una relación sentimental aparece en el centro de la investigación. Un metal tóxico se convierte en la posible arma homicida. La principal sospechosa abandona Colombia, concede una entrevista desde el exterior y termina siendo rescatada de las aguas del Támesis.

Meses después, los investigadores encuentran rastros del mismo veneno en un casillero de un exclusivo club bogotano.

Son circunstancias que podrían formar parte de una novela de suspenso psicológico.

Pero no estamos frente a una obra de ficción.

Hay dos niñas muertas, familias que reclaman justicia y una mujer que niega las acusaciones y tiene derecho a defenderse.

La justicia colombiana tendrá que demostrar si Zulma Guzmán fue responsable de los hechos. La británica deberá decidir si procede entregarla a las autoridades que la reclaman.

Y quedan preguntas esenciales sin respuesta: ¿quién obtuvo el talio?, ¿cómo llegó a las frambuesas?, ¿participaron otras personas?, ¿qué explicación ofrece la defensa sobre los elementos encontrados en el Club El Nogal?

He aprendido durante mis años cubriendo tribunales que una historia judicial no siempre termina cuando aparece un sospechoso. A veces es precisamente entonces cuando comienzan a surgir las preguntas más importantes.

Este lunes, cuando se abran las audiencias principales en Westminster, el extraño caso de Zulma Guzmán entrará en una nueva etapa.

La historia comenzó con unas frambuesas en Bogotá, atravesó el Atlántico y llegó hasta las aguas frías de Londres.

Su desenlace todavía está por escribirse.

Foto: Focus Noticias

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